EL TORO DE LA FUENCISLA
(Romance)
Virgen Santa la Fuencisla
la patrona de Segovia
dadme fe y sabiduría
para contar esta historia.
¡Que ella bendiga mi lengua
Vuestros oídos bendiga!
Mucha atención y silencio
suplico a sus señorías.
El año mil setecientos
y cincuenta y tres corría,
año de gran abundancia
de buena lana y espigas.
Veinticinco de
septiembre
jornada es de romería,
en Segovia se celebran
las fiestas de la Fuencisla.
De los pueblos del alfoz
con ofrendas acudían
según da de sí el lugar
de ónde la
gente venía.
Todos llevan a
la Virgen
lo mejor que ellos tenían:
Terneras, cerdos, corderos,
jamones y longanizas.
Y tortas de
chicharrones,
y hogazas con mucha miga.
De las aguas de sus ríos
truchas, que buenas se crían.
De campos y melonares
los labriegos ofrecían
cebada, trigo, melones,
calabazas y sandías.
Y los primeros
racimos,
que es temprana la vendimia,
y los frutos de sus huertas,
y licores de ambrosía.
Las mujeres en sus cestas
hojuelas, bollos, rosquillas,
y finos manteles de hilo
bordados con pedrería.
¡Qué contenta
está la Virgen
con aquesto que ofrecían!
Llegado el turno a Madrona
¡Gran sorpresa y maravilla!
Lo que esa
gente llevaba
les parecerá mentira,
pero las crónicas cuentan
que es la verdad sostenida.
Nada más y nada menos
lo que este pueblo ofrecía
era un toro grande y negro,
de la casta más bravía.
Novio de todas
las vacas,
padre de todas sus crías.
que entre los fresnos del Soto
con gran pasión complacía.
Era el semental
más guapo,
de los bueyes era envidia,
desde que él llegó a este pueblo
mejores chotos pacían.
No se recuerda en Madrona
un toro con más valía
que en muchos años atrás
nunca como él otro había.
Tal fue el
celo de los hombres
que al animal conducían
que suelto dejan al toro
por la Calle Real arriba.
¡Válgame Dios
que alborozo!
¡Hay que ver que algarabía!
Niños y viejos
se esconden
del grande miedo que habían.
Los hombres y
las mujeres
hacen grandes correndías
que más veloz y más fiero
no han visto
toro en la vida.
Que si bravo fue Juan Bravo
más bravo él
parescía,
si sus cuernos son de
acero
sus pezuñas saltan chispas.
Y en ventanas
y balcones
los niños bien se reían,
los mozos que paseaban
a sus novias protegían.
Segovia se ha convertido
en una gran vocería
el bicho sembraba el pánico
entre la ciudadanía.
Al pasar la Canaleja
a tres mujeres esquiva
y prosigue su carrera
sin causar daños ni
heridas.
Pasa la Casa los Picos
y la Plaza de Medina
ni Juan Bravo le detiene
ni San Martín le domina.
Un grupo de mozalbetes
rufianes y maletillas
con vocación de toreros
con su capotes le citan.
Pero el de Madrona es noble
y dobla por una esquina.
Dicen que algunos quisieron
ponerle unas banderillas.
Y el toro que lo barrunta
ha salido de estampía.
Veloz como una centella
al Corpus ya se aproxima.
Caballeros más valientes
con sombrero y con levita
se han manchado los
calzones
por el miedo que tenían.
Soldados, frailes y clérigos
que vienen de la vigilia
en un convento de monjas
encuentran buena acogida.
Ya se acaba la
carrera
que la Calle Real termina
porque en la plaza Mayor
ya el toro se tranquiliza.
Y con garbo y
elegancia
mansedumbre y
cortesía
ha entrado en la
catedral
donde se celebra misa.
Los fieles con
gran espanto
se esconden en las capillas
y el obispo y los canónigos
corren a la sacristía.
El animal, sin
tardanza,
al altar mayor se arrima
y en silencio queda quieto
a los pies de la Fuencisla.
Hace una gran
reverencia
y se postra de rodillas.
La Madre de Dios al verlo
le daba la bienvenida.
Los pocos que
aquello vieron
dicen que le sonreía,
que el bravo se volvió manso
y allí mismo se dormía.
El suceso
terminó
con una gran alegría
no faltaron las dulzainas,
ni jotas, vino y comida.
Todos dicen
con asombro
que esto sí que es maravilla
que es un milagro que hace
la Virgen Santa María.
Ninguno fue
corneado,
no causó daños ni heridas,
sólo algunos por el susto
fueron a la enfermería.
Y otros en la
algarada
perdieron sus
zapatillas.
¡Que menos puede perder
un torero en la corrida!
Las
autoridades mandan
que es de gran sabiduría
loar a la Virgen Santa
pues hizo tal maravilla.
Y lo ordena
publicar
por aldeas y por villas.
Y la voz de este prodigio
corrió por toda Castilla
Los de Segovia
y Madrona
han sido desde ese día
los más fervientes devotos
de su patrona bendita.
Y la Virgen de
la Cerca,
también la de la Fuencisla,
para llevarnos al cielo
a nosotros siempre guían.
Y aquí acabo este romance,
no gastaré más saliva,
que así la historia lo cuenta
para que yo se lo escriba.
Lo compuso
para ustedes
José Luis López García.
Madrona, septiembre de 2008
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