sueños o realidades ?

sueños o realidades ?

miércoles, 14 de agosto de 2013

IRENEO


IRENEO


Corría el año 1957  y acudieron a Escobar los personajes más grandes de Hollywood, Cary Grant, Frank Sinatra  y una jovencísima y atractiva Sofía Loren. Toda la parafernalia de una gran producción cinematográfica movía esta caravana para rodar “Orgullo y pasión”. La película refleja tiempos del ejército napoleónico y en donde un gigantesco cañón cuyas ruedas eran más de tres metros de altas era guiado  por siete parejas de mulas a gran velocidad por los prados de Escobar.

         Acudieron a ver el rodaje varios lugareños a las coteras de ese caserío. Por supuesto nadie se podía acercar  mucho a esos intocables actores. En un grupo de matronenses que había oteando el rodaje estaban entre otros Ireneo, hombre de bien si es que este título se puede dar al que es pobre y el cura del momento don Máximo. No sé como llego a sus manos unos prismáticos que en aquella época ni se conocían, lo cierto es que manipulándolos  se conseguía ver a esas estrellas del cine como al alcance de la mano. La cercanía que ese artilugio conseguía era muy llamativa, como si uno pudiera saludar a Cary Grant, como si pudiera tender la mano a Frank Sinatra o como si fuera uno a dar un beso a Sofía Loren. Los prismáticos pasaban de mano en mano enhilando párrafos, comentando detalles  siendo la admiración de los que les utilizaban y sobre todo dando contento a los ojos.

         El majestuoso cañón era transportado a galope tendido por ¡catorce mulas! Nada menos que ¡catorce mulas a velocidad vertiginosa por la pradera que va del soto a Escobar. Frank Sinatra tenía una gran navaja que llamaba la atención, (yo he visto la película y medía por lo menos 30 cm el filo) la espectacularidad del rodaje  dejaba boquiabiertos a los espectadores.

          En esto que cayeron los prismáticos en manos del cura:

         --dejadme mirar un momento que quiero ver la navaja que lleva Frank Sinatra—dijo Don Máximo- y movió el artefacto hasta que consiguió poner con nitidez el objetivo, y se quedo mirando al grupo de actores. Ireneo que nunca le faltaba ni humor ni conversación moviéndose la boina con una mano, con la otra sujetando la garrota y actuando según la alteza de su entendimiento le dijo en su lenguaje particular:

         - señor cura Don Máximo Narros, vuestra merced me eche su bendición si me la he ganado pero observo que usted no mira la navaja de Frank Sinatra si no que mira la pechera de esa muy principal señora que es Sofía Loren, y que tiene más filo si se puede decir así.-

Quitóse el cura los prismáticos de los ojos y echóle a Ireneo tal mirada que le valió la descomunión para muchos años. Tiró los cacharros al suelo y enfadado se alejó de los lugareños que se quedaron enhebrando pensamientos a costa de la principal señora.
Ireneo fue muchos años a Las Navillas con su hijo Guillermo a recoger la basura con un burro y un carro. Murió en 2012.



        

jueves, 8 de agosto de 2013

El añil y la paja


El añil y la paja

        Tendré  eternamente escrito en mi memoria que Félix  Bernardo (al que apodaban el Lechero) tenía una inteligencia superior a la media. Eso lo tengo yo bien claro, no existían los test de inteligencia pero yo les aseguro que era muy listo. Era una persona “mañosa”, todos los Bernardos lo son en Madrona, le daba igual colocar un cristal nuevo donde había uno roto, que hacer obras de albañilería, que un mango para un hacha ,colocaba agua a serenarse para curar las heridas, pero todo bien hecho, yo estuve con él de criado  muchas veces. Los ubios  los hacía él mismo, recuerdo que tenía un patrón de madera donde  dibujaba en un tronco la pieza y a base de sierra, azuela y barrena le hacía. Bueno, que les digo yo  era un “mañoso” y el que no sepa lo que es eso que lo busque en el diccionario.

            Le traía por la calle de la amargura el no saber con seguridad dónde iba el agua que se metía por el tragón del rastrillo y quería solucionar el problema para los futuros tiempos. A pocos metros de salir el agua del bosque de Riofrio, se cuela por un agujero y no se sabe dónde va.

            -¡chico!- me dijo un día-  vete a la tienda y tráeme unas pastillas de añil.

El añil yo no sé si ahora existirá, pero antes había unas pastillas redondas del tamaño de una caja de juanolas que volvían el agua de un azul intenso para dar el toque final a la ropa limpia. Echándolas en un barreñon se teñía el agua completamente de azul.

            Cogió un par de pastillas y a principios del verano cuando se seca el río fuimos hasta el tragón y allí echo las pastillas.Todo el agua se volvió azul. Rápidamente cogimos el carro con el burro en el que habíamos ido y nos dirigimos a la sima.

            -¡te digo yo que este agua va a la sima! – me decía

Nos pusimos en el pretil de esa hondonada que existe en la carretera de La Losa a esperar a ver si aparecía el agua azul. Por más que esperamos, no vimos ese color en el agua. Desanimados, volvimos a casa  ideando otra estrategia.

Al día siguiente cogió un par de sacos con paja trillada de cebada, los echamos en el carro y nos encaminamos al tragón. Volcamos los sacos en el agua y ¡vaya fallo! La paja no entraba por el agujero, flotaba en el agua.

            -¡te digo yo que este agua va a la sima!-decía con coraje.

Pero al tercer día acertamos. Cogimos el carro y el burro y le cargamos con dos sacos de paja con garrobas, sin limpiar ni acribar, así se colaría la paja y el grano que pesa más. Echamos los sacos al tragón  desenganchamos el burro del carro, para poder ir yo más deprisa y me dijo:

            -corre chico monta en el burro y vete a la sima.

Félix siempre tenía buenos burros, también se dedicaba al trato y yo a galope tendido me planté en la sima.  Cuál sería mi sorpresa que al llegar comencé a ver la paja y el grano de las garrobas revoloteando en el agua limpia y transparente de ese manantial.  Unas mujeres que allí había lavando me regañaron diciendo que qué era lo que había echado en el agua que se había ensuciado. Me puse muy contento por el descubrimiento y a galope tendido fui a buscar a mi amo para contárselo que ya iba a mitad del camino para verlo y llegó a tiempo de ver aún el descubrimiento.

                                                                                                

viernes, 2 de agosto de 2013

EMILIO


                            EMILIO

El suceso más escalofriante que yo he oído contar en Madrona es el que a continuación referiré:

         Bajaba un agricultor por la calle Riofrio que es una cuesta muy pronunciada en dirección al molino con el carro y con los bueyes cargados de grano. Las gigantescas ruedas del vehículo traqueteaban entre los cantos de la pendiente. El arriero  iba guiando a los animales con la “injá” para que sujetaran el empuje del carro que les hacia coger velocidad a los bueyes. Pasó la esquina donde había un pilón para lavar las mujeres la ropa y un caño y en un momento fatídico tropezó y cayó delante de los animales atropellándole y pasándole una rueda por encima del cuerpo. Murió en el acto.

         Los vecinos que le vieron le intentaron ayudar metiéndole en la casa de la esquina. Nada pudieron hacer por su vida.

         La casa aun se conserva y el caño allí está  como mudo espectador de tan desgraciado accidente. El pilón donde lavaban las mujeres que le ayudaron se tapó, Madrona era famosa por varios espectaculares pilones que  hacían de lavaderos con caceras naturales.