Donde se cuenta la angustiosa
historia de cómo este hombre, luz y espejo de la calle del Molino se añusgó con
un cacho de jamón traicionero.
Ese hombre alto, seco, quinto de Felipe VI que parece que no le parte un rayo, acostumbrado a la intemperie, que va a trabajar en bicicleta y a veces a las cuatro de la mañana atraviesa por las laderas del Hocino para evitar el peligro de los coches, con pies como sarcófagos de la Alamilla y manos como cucharrena de los chicharrones me refirió lo que sigue :
Sentáronse
a la mesa su hermana y él ante un plato de jamón partido en lonchas grandes,
para dar más tarea a la dentadura. Su hermana daba vueltas en la boca a un
trozo con hebra muy dura que no lo conseguía masticar, harta de ello decidió
tragárselo, con tan mala suerte que sólo paso al gañote la mitad de la tira, la
otra mitad se quedó en la boca. Gesticulaba y se movía para que pasara para
adentro, pero no lo conseguía Con los
ojos vueltos, y con ademanes y aspavientos pedía ayuda a su hermano, el hombre
de bronce que vio en tan difícil situación a la chica y teniendo que tomar una
decisión rápida para que no se ahogara, la abrió la boca y metió su mano más
grande que la cucharrena de los chicharrones buscando entre la campanilla, las
anginas y la lengua el jamón traicionero, lo agarró y tiro de ello. a la que
salía el jamón regurgito todo lo anteriormente comido en la cara de su hermano:
--
¡ pareces tonta ¡-- la dijo .
Pero no acaba ahí la historia. Un
poco después, harto él de masticar decidió tragar igual que su hermana y le
pasó exactamente lo mismo. Su hermana asustada no se atrevía a meter la mano y
solo le miraba barruntando lo peor. Entonces él tomo la decisión de
solucionárselo solo, no quería dejar la vida en pago esa tarde. se metió la
mano en la boca y palpando localizo el jamón asesino, tiro de ello y a la que
salía la hebra salió todo lo anteriormente comido disparado con tal fuerza que
fue a parar a la cara de su hermana,
--estamos en paz
–dijo.
