sueños o realidades ?

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sábado, 7 de septiembre de 2013

El antiguo molino


                                                 EL ANTIGUO MOLINO

Leyenda

         Los franceses en la época  de la invasión napoleónica no se portaban bien con los lugareños de Madrona, abusaban de sus propiedades, hacían muchas descalabraduras y tenían al pueblo atemorizado con sus fanfarronerías. Poco a poco los matronenses se las iban pagando como podían, y para que no apareciesen los cadáveres franchutes que se llevaban por delante inventaban mil artimañas para no ser descubiertos.

         El molinero Calvatrueno tenía su molino como a cincuenta metros más arriba del mesón el Molino de ahora, frente a la casa de Julián Sesenta y frente al rincón de Edelmiro. Es por ello que esa calle ahora se llama “del Molino” no por la industria que a mediados del siglo XX montó Miguel Segovia y ahora es un mesón.

         El molino era movido por agua de un caz  que bajaba desde el pilón  del tío Aurelio a este local. La cárcava por donde caía el agua, no sé si seguirá estando, pero yo la he conocido. Cuenta la leyenda que Calvatrueno tenía malas pulgas para aguantar las bellaquerías que hacían los gabachos. Con amenazas intentaban siempre moler gratis y siempre se sobrepasaban con groserías con las mujeres de la casa. Estando un día Calvatrueno enfadado con un francés le pegó con tal fuerza con el pilón de la romana en la cabeza que le dejó tendido en el suelo y muerto. No tuvo mejor idea que echarle por la tolva para molerle junto con el trigo que en ese momento estaba haciéndose harina. Enharinados los entresijos del galo todo mezclado de blanco desapareció como por arte de magia.

         -¡uno menos!- se decía el afanoso  molinero.

         Pero quiso la mala suerte que a raíz de ahí la harina que salía de ese molino  enfermaba a los animales y a las personas tardándose muchos años en descubrir la causa, que quizás era por la entraña venenosa que los napoleónicos tenían o el espíritu del francés muerto que se vengó del molinero por haberle hecho desaparecer.

         Heredó la industria de la molienda Gorragrande que tampoco pudo levantar el negocio y heredó el local a comienzos del siglo XX Malagorra cerrando para siempre una industria ruinosa.

         Madrona estuvo muchos años sin molino teniendo que ir los lugareños a La Losa o a Ortigosa donde había nada menos que doce de estos establecimientos a hacer la molienda. A mediados del siglo XX con la llegada de la luz eléctrica y no habiendo molino en el pueblo un industrial nato de este oficio Miguel Segovia montó uno al que le sonrió el negocio muchos años . Cincuenta años después y yendo la molienda a menos se convirtió en mesón.

         Pero tengo que recalcar que calle del Molino se llama por la primera industria que hubo cincuenta metros más arriba que era movido por agua y que a mí en su momento me conto la leyenda su propietaria la tía Julia de Félix el Lechero y que hoy en día es propiedad de otra heredera  de esa familia.
calle de Molino
 

 

                                                                                    Juan Carlos López

                                                                                                  Año 2013

 

martes, 3 de septiembre de 2013

Adios para siempre, adios


                         ADIOS PARA SIEMPRE ADIOS

         El 15 de marzo es Santa Madrona día en el que nació Doroteo Sánchez uno de los hijos predilectos del pueblo, no sólo por hacer honor al nombre de la santa sino porque su vida estuvo impregnada de esa facilidad que algunas personas tienen para hacer amigos.

         Mucha gente recordará el cumpleaños que celebrábamos con él cargado de alegría, discursos, pasodobles y sobre todo el “titotito” que era el himno nacional. Él, como anfitrión, hablaba, hacía y deshacía,, mandaba, organizaba, bailaba y algunas veces con los pasodobles se ponía tan entusiasmado ejecutando pases taurinos que bien parecía que le iba a dar un soponcio. Cuando llegaba la hora de los regalos eso era el culmen de la intriga, con redobles de tambor y atenciones de trompeta el personal clamaba en gozo cuando se descubría el regalo.

         Al cumpleaños de Doro teníamos pensado pedir permiso para hacerle “fiesta nacional”. Ya me lo dijo mi compadre Chicolajoana una vez: -hay que invitar al Rey para que vea esta celebración e instituirla como fiesta nacional-razón tenía el redoblante.

         A parte de las múltiples raciones de callos, tortilla, jamón chorizo o queso mención especial tienen sus torreznos que eran de los que jamás se volverán a probar por su tamaño y sabor teniendo el punto propio de esa casa.

         Pero a Doroteo Sánchez le llego ese espíritu que nos llegará a todos de forma armoniosa y como mejor uno se puede despedir: acompañado de su familia, y aunque se nos ha adelantado a nosotros, nos espera allí para que volvamos a tocar el “titotito”, para que volvamos a reírnos juntos como en su cumpleaños, para que volvamos a contar los días como él los  contaba aquí, por las fiestas, primero navidades, santa Águeda, su cumpleaños, las mozas, san Antonio y cómo no la función del Cristo, de sobra sabía él que esa era la fiesta más grande. A Doro  cuando el santo Cristo tenía unos cíngulos o cordones con borlas que colgaban de la imagen o de las andas, él siempre iba agarrado a ellos como si así le transmitieran la vida, la salud. Recuerdo que también se agarraba a estos cíngulos su padre Luis y otro que también los cogía con fe era Paulino López.
       A él que tanto le gustaban las fiestas y la música ahora está en el lugar más silencioso del mundo, pero todos los de Madrona tendremos un recuerdo imborrable y atemporal de su amistad.

         Y acabo como  empecé:

         Adiós para siempre adiós