sueños o realidades ?

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martes, 3 de septiembre de 2013

Adios para siempre, adios


                         ADIOS PARA SIEMPRE ADIOS

         El 15 de marzo es Santa Madrona día en el que nació Doroteo Sánchez uno de los hijos predilectos del pueblo, no sólo por hacer honor al nombre de la santa sino porque su vida estuvo impregnada de esa facilidad que algunas personas tienen para hacer amigos.

         Mucha gente recordará el cumpleaños que celebrábamos con él cargado de alegría, discursos, pasodobles y sobre todo el “titotito” que era el himno nacional. Él, como anfitrión, hablaba, hacía y deshacía,, mandaba, organizaba, bailaba y algunas veces con los pasodobles se ponía tan entusiasmado ejecutando pases taurinos que bien parecía que le iba a dar un soponcio. Cuando llegaba la hora de los regalos eso era el culmen de la intriga, con redobles de tambor y atenciones de trompeta el personal clamaba en gozo cuando se descubría el regalo.

         Al cumpleaños de Doro teníamos pensado pedir permiso para hacerle “fiesta nacional”. Ya me lo dijo mi compadre Chicolajoana una vez: -hay que invitar al Rey para que vea esta celebración e instituirla como fiesta nacional-razón tenía el redoblante.

         A parte de las múltiples raciones de callos, tortilla, jamón chorizo o queso mención especial tienen sus torreznos que eran de los que jamás se volverán a probar por su tamaño y sabor teniendo el punto propio de esa casa.

         Pero a Doroteo Sánchez le llego ese espíritu que nos llegará a todos de forma armoniosa y como mejor uno se puede despedir: acompañado de su familia, y aunque se nos ha adelantado a nosotros, nos espera allí para que volvamos a tocar el “titotito”, para que volvamos a reírnos juntos como en su cumpleaños, para que volvamos a contar los días como él los  contaba aquí, por las fiestas, primero navidades, santa Águeda, su cumpleaños, las mozas, san Antonio y cómo no la función del Cristo, de sobra sabía él que esa era la fiesta más grande. A Doro  cuando el santo Cristo tenía unos cíngulos o cordones con borlas que colgaban de la imagen o de las andas, él siempre iba agarrado a ellos como si así le transmitieran la vida, la salud. Recuerdo que también se agarraba a estos cíngulos su padre Luis y otro que también los cogía con fe era Paulino López.
       A él que tanto le gustaban las fiestas y la música ahora está en el lugar más silencioso del mundo, pero todos los de Madrona tendremos un recuerdo imborrable y atemporal de su amistad.

         Y acabo como  empecé:

         Adiós para siempre adiós

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