EL último TEMPLARIO
En la ermita de las dos entradas
se habían ido reuniendo todos los caballeros de la Orden que habían sido
avisados con anterioridad por el maestre en funciones al capítulo secreto. El Maestre General de la zona había
fallecido días atrás y comprendía todos
los pueblos que bajo el manto de la Mujer Muerta y hasta la zona de las arenas
que baña el rio de los moros allá por los pinares de Santa María están en están
Orden.
Iban llegando los miembros una noche
de invierno el día de san Juan Evangelista patrón de los Pobres de Xto. llamados caballeros Templarios y obligado era que llevaran los símbolos que les acreditaban
pertenecer a dicha orden, capa blanca, anillo con una piedra preciosa roja y
una cruz rodeada con un círculo en
oro colgando del pecho, todos ellos se reconocían como miembros de pleno
derecho.
La ermita en la que se reunían esta
a las afueras de un pueblo que pertenece a este arciprestazgo de la Orden. Tiene
dos puertas juntas que son dos arcos de medio punto. Por la puerta de la
derecha entran los caballeros y si eligen Maestre General salen por la de la
izquierda. En caso de que no se pusieran de acuerdo en la elección y el
capitulo secreto se alargara demasiado volverían a salir por la misma puerta
que entraron y citarían otra reunión otro día. Una vez que se hubieran puesto
de acuerdo en la elección saldrían por la puerta de la izquierda. Esa es la
misión de esta original ermitilla con dos puertas iguales una al lado de la
otra.
Al atardecer de esa noche de
invierno 27 de diciembre estando todo el paisaje nevado dejaban la caballería a
la puerta de dicho templo o el carruaje y con un beso en los labios al Gran
Maestre en funciones que los recibía penetraban en la sala capitular entre velones
encendidos pues la noche había avanzado un trecho e iban buscando asiento a la
espera del comienzo de la ceremonia.
El beso en los labios significaba que
todo lo que vieran y oyeran seria secreto riguroso. No lo podrían comentar
a nadie. Es el clásico beso templario
que significa secreto como una tumba. Se colocó un catafalco en el centro del
templo con un ataúd, tapando este monumento una gran sabana negra y bordado en rojo una cruz rodeada con un
círculo. Una cruz símbolo de los Caballeros del Templo de Jerusalén. Roja,
completamente roja como su sangre que muchos de sus compañeros de la Orden
habían derramado por defender los santos lugares, y antes de morir en la
batalla cuando estaban heridos y agonizantes con su propia sangre hacían en el
suelo este símbolo tan propio de ellos y le besaban antes de morir como besan
ahora en los labios al Gran Maestre. Este
ataúd tenía un secreto dentro. Era un cofre repleto de riquezas, de joyas,
de anillos de otros compañeros que habían fallecido y no habían encontrado
sucesor pues cada vez esta orden estaba más perseguida y de los miles de
templarios que hubo en el siglo XII
cuando se creó ahora a comienzos del
siglo XX solo quedaba un puñado y a punto de extinguirse. Los anillos que
llevaban en sus manos les garantizaban ser miembros de la orden y si no tenían
un heredero le devolvían al Maestre
General para que le guardara en el cofre, y así este se iba pasando al
siguiente cuando fallecía, y era de gran responsabilidad poseer este cofre,
pues pertenece a los miembros de pleno derecho de esta Orden en esta zona y era
especialmente grande en riquezas teniendo siempre sumo cuidado en sus conservación,
y si en algún momento la orden desapareciera por falta de miembros se enterraría en lugar seguro para que
nadie pudiera profanar este tesoro.
Entrados todos los miembros y
tomando asiento el maestre en funciones se acercó al cofre que se encontraba en
el catafalco fúnebre cubierto de terciopelo negro y en sus cuatro esquinas
ardían cuatro blandones de cera blanca y entre las nubes de incienso que subían
hacia lo alto acompañaban graves cantos de los caballeros templarios a la vez
que se encerrojaba la puerta de la ermitilla para que nadie pudiera entrar ni
salir en lo que durara la ceremonia sacó un pergamino y comenzó a leer:
En el nombre deXto., sepan todos los aquí presentes
que nos hemos reunido para elegir Maestre General de la Orden del Temple de
esta zona de la Mujer Muerta continuando así con esta tradición que nos viene
de siglos atrás sincerándonos con nuestro amor a nuestros gloriosos
predecesores que constantemente defendieron nuestra religión y los santos
lugares, que hicieron del honor lo más sublime, que respetaron la palabra dada
y guardaron el secreto de lo que aquí se habla.
Otro
si: Los que somos Templarios de pleno derecho, que llevamos en el lado
izquierdo de la capa a la altura del corazón una cruz encerrada en un anillo
conocida cosa sea que queremos conseguir la cuadratura del círculo, seguiremos
buscando el santo Grial y no buscamos la unión de la carne con la carne sino la
del alma con el espíritu, que tenemos en muy alta estima el honor de la persona
y de la Orden y que somos siervos obedientes y sumisos a la jerarquía.
Otro
si conocida cosa sea: Que a la palabra empeñada la tenemos un gran respeto, que
nuestro saludo en las grandes reuniones y en capitulo como el presente es un
beso en los labios y que combatiremos sin desfallecimiento a los enemigos de la
cruz y de la Orden y de este cofre aquí presente símbolo de nuestra riqueza
espiritual y material.
Otro
si conocida cosa sea: que nos hemos reunido aquí para elegir Maestre General
dado que el anterior falleció hace tiempo y fue enterrado con todos los honores
como manda la tradición de los Pobres de Xto. y entrego su anillo a este cofre
aquí presente para añadirlo al tesoro que tan fielmente guardamos.
Otro
si: consta este tesoro de ingente cantidad de orfebrería de los siglos XII y
XIII, crucifijos de oro plata y esmaltes con zafiros rubíes y turquesas
incrustados, piezas de marfil tallado, cálices cubiertos de piedras preciosas,
coronas de reyes y condes, diademas de princesas, espadas ceremoniales, un
relicario con un trozo de la lanza que atravesó el costado de nuestro señor
Jesucristo, otro con espinas de la corona santa, un poco de oro incienso y mirra
que ofrecieron los reyes Magos al niño, varios relicarios con un trozo de madera de la verdadera cruz de
Cristo de los cuales uno se habían regalado a la parroquia de La Losa por tener
como patrono a San Juan Evangelista patrono de nuestra Orden y otro se regalo a
la ermita de la Veracruz de Zamarramala por ser una fiel representación de
la cúpula de la Roca donde nuestros antepasados fundaron la Orden del Templo
por estar allí enclavado el santo sepulcro –estos lignum crucis aun se
conservan en este siglo XX en las
iglesias citadas con gran veneración, añadió el maestre—Todos los anillos que
habían sido utilizados por nuestros hermanos fallecidos y un sinfín de
donaciones de simpatizantes y pertenecientes a nuestra orden.
Otro
si: Nos hemos reunido aquí para elegir Maestre General cuya misión será dirigir
nuestra compañía y sobre todo guardar a buen recaudo este cofre de las manos de
los impíos y de los buitres que están esperando a caer sobre nuestro
patrimonio.
Otro si: Sepan todos que oyeren estas palabras—y aquí el maestro de ceremonias leyó despacio para recalcar la ordenanza—que si llegado el momento el Gran Maestre elegido no tuviera seguidores en la Orden y no se pudiera celebrar este capítulo secreto deberá de enterrar este cofre a modo de ataúd en un cementerio seguro para librarle de las miradas codiciosas y las aves de rapiña que andan tras él, pues estas riquezas son el símbolo y la herencia de nuestros hermanos que lucharon a sangre y fuego y será responsabilidad del gran Maestre su ocultación para evitar así que se profane este tesoro.





