IRENEO
Corría
el año 1957 y
acudieron a Escobar los personajes más grandes de Hollywood, Cary Grant, Frank Sinatra y una jovencísima y atractiva Sofía Loren. Toda la parafernalia de
una gran producción cinematográfica movía esta caravana para rodar “Orgullo y pasión”. La película refleja
tiempos del ejército napoleónico y en donde un
gigantesco cañón cuyas ruedas eran más de tres metros de altas era
guiado por siete parejas de mulas a gran
velocidad por los prados de Escobar.
Acudieron a ver el rodaje varios
lugareños a las coteras de ese caserío. Por supuesto nadie se podía
acercar mucho a esos intocables actores.
En un grupo de matronenses que había oteando el rodaje estaban entre otros Ireneo, hombre de bien si es que este título
se puede dar al que es pobre y el cura del momento don Máximo. No sé como
llego a sus manos unos prismáticos
que en aquella época ni se conocían, lo cierto es que manipulándolos se conseguía ver a esas estrellas del cine
como al alcance de la mano. La cercanía que ese artilugio conseguía era muy
llamativa, como si uno pudiera saludar a Cary Grant, como si pudiera tender la
mano a Frank Sinatra o como si fuera uno a dar un beso a Sofía Loren. Los prismáticos
pasaban de mano en mano enhilando párrafos, comentando detalles siendo la admiración de los que les
utilizaban y sobre todo dando contento a los ojos.
El majestuoso cañón era
transportado a galope tendido por ¡catorce mulas! Nada menos
que ¡catorce mulas a velocidad vertiginosa por la pradera que va del soto a
Escobar. Frank Sinatra tenía una gran
navaja que llamaba la atención, (yo he visto la película y medía por lo
menos 30 cm el filo) la espectacularidad del rodaje dejaba boquiabiertos a los espectadores.
En esto que cayeron los prismáticos en manos
del cura:
--dejadme mirar un momento que quiero
ver la navaja que lleva Frank Sinatra—dijo Don Máximo- y movió el artefacto
hasta que consiguió poner con nitidez el objetivo, y se quedo mirando al grupo
de actores. Ireneo que nunca le faltaba ni humor ni conversación moviéndose la
boina con una mano, con la otra sujetando la garrota y actuando según la alteza
de su entendimiento le dijo en su lenguaje particular:
- señor cura Don Máximo Narros, vuestra
merced me eche su bendición si me la he ganado pero observo que usted no mira
la navaja de Frank Sinatra si no que mira la pechera de esa muy principal
señora que es Sofía Loren, y que tiene más filo si se puede decir así.-
Quitóse el
cura los prismáticos de los ojos y echóle a Ireneo tal mirada que le valió la descomunión para muchos años.
Tiró los cacharros al suelo y enfadado se alejó de los lugareños que se
quedaron enhebrando pensamientos a costa de la principal señora.
Ireneo fue muchos años a Las Navillas con su hijo Guillermo a recoger la basura con un burro y un carro. Murió en 2012.
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