sueños o realidades ?

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miércoles, 9 de octubre de 2013

EL ENHARINADO DE VIERNES SANTO


EL ENHARINADO DE VIERNES SANTO

         A ese molino habían echado el cadáver de un francés para que se moliera junto al trigo que en ese momento se hacía harina, cuando los napoleónicos desparramados por España campaban a sus anchas cometiendo mil y un desmanes. Pero el alma del franchute permanecía en el caserón arruinando la molienda.

         Había fenecido este gabacho el viernes santo de 1808, cuando harto el molinero de sus bellaquerías le mató de un golpe y le hizo desaparecer.

         Pero existía una leyenda que este alma en pena paseaba todos los viernes santos cada cien años desde la puerta del molino hasta la esquina de arriba donde antiguamente había un pilón para lavar las mujeres. La contaba un pastor que le vio en 1908 y que no acostumbraba a ir al viacrucis. En la oscuridad de la noche vio como por alguna razón de ultratumba un fantasma salía arrastrándose por debajo de la puerta del molino todo de blanco, vestido con una capa ¡blanca! Iba dejando un polvo en el suelo ¡blanco!, las pisadas dejaban una huella ¡blanca! y el aire al soplar el cuerpo de este ánima desprendía un polvo ¡blanco!. El pastor que eso veía enseguida cayó en la cuenta: había oído contar que allí en el molino habían dado muerte a un gabacho y escondiéndose en la oscuridad se acercó al pilón y con un cubo que llevaba en la mano para ordeñar las cabras le llenó de agua esperó a que en uno de los paseos el fantoche se acercara a él. Todo el pueblo estaba en el viacrucis, y en Madrona ese día se sube con velas y faroles encendidos por la noche hasta el Santo Cristo, allí se canta una salve a una Dolorosa pequeña que siempre estaba en el altar mayor y es una imagen muy antigua. Era la hora mágica. El “enharinao”
antiguo molino
había muerto un viernes santo
. No se veía a nadie por la calle. Sólo el pastor permanecía escondido y el ánima del francés paseando hasta la esquina y dejando una estela blanca en el suelo y en el aire. En una de las veces que tuvo cerca el pastor al espectro del galo echó el cubo de agua rápidamente encima de él como queriendo hacer desaparecer el fantasmagórico cuerpo. Al oír el ruido del cubo el fantasma huyó rápidamente pero algo de agua le llegó a la capa que vestía, deshaciéndosela. Siguió corriendo y se metió por debajo de la puerta del molino como si fuera una sábana.

         El pastor contó la historia que le había pasado y quedó suspendida en la mente de las personas y en el recuerdo de los chicos para siempre. El francés se había aparecido cien años después de su muerte en 1908 el día de viernes santo mientras el viacrucis.

         Cien años después de esta historia y doscientos desde que mataran  al galo en 2008 yo no estaba dispuesto a dejar pasar el viacrucis en balde. Cierto es que el molino había desaparecido pero el caserón seguía en el mismo lugar. Cuando llegada la noche todo el mundo se fue al viacrucis yo me aposté en las sombras del final de la calle del Molino donde antiguamente estaba el pilón. Las carracas pasaron sonando con sonido religioso y a algún chico se le oía gritar en la lejanía lentamente:

         -¡ al-vi-a-cru-cis ¡.

Parapetado yo en las sombras estaba dispuesto a certificar la verdad de la leyenda. De repente vi un espíritu vestido todo de blanco que iba dejando un remolino como de harina en su caminar. Era el galo que doscientos años antes había muerto en esa industria víctima de un golpe con el pilón de la romana y echado a la tolva para que desapareciera. Observé  como si le faltaran trozos de ropaje que era el agua que el pastor le había derramado cien años antes deshilachándole la capa. Le estuve viendo bastante rato como paseaba desde la puerta del caserón hasta la esquina de arriba en un callejón oscuro deshabitado que aún hoy no vive nadie.

         Espero que dentro de otros cien años alguien se esconda en las sombras para comprobar la realidad de este suceso.
Calle que divide el molino antiguo a la izquierda con el nuevo a la derecha

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