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| iglesia |
Suicidio en la iglesia
a
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un artesano matronense hace un par de años le
encargaron restaurar la techumbre que cierra la nave central de la iglesia y
que se conoce como artesonado mudéjar y son unos hermosos casetones que
haciendo figuras geométricas y
florituras con los cabrios cierra la bóveda. De repente observó como unos
agujeritos pequeños a modo de carcoma se veían en las molduras. Creía este
operario que las termitas hubieran arruinado esta obra mudéjar. Desanimado
comenzó a hurgar sobre los agujeros para ver que era. Estos eran mas bien grandes, como de una
especie de carcoma muy grande. Hurgando , hurgando le salió ¡ una bola de plomo
¡, en el siguiente agujero ¡ otra bola de plomo! y así en todos, me lo comentó y yo le conté la
siguiente historia que se la había oído a los más viejos:
U
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n
matrimonio feliz vivía en Madrona hace muchos años, honrados los dos,
trabajadores, criaron a su prole con el trabajo y siempre estaban unidos por el
amor y la fidelidad.
Pero la vida pasa y las enfermedades
vienen. Quiso la mala suerte que la mujer enfermara gravemente. El hombre no
paraba de llorar:
-“me iré
contigo”- pensaba- “yo me iré contigo”, quería estar siempre junto a su esposa.
Viendo ya
las horas finales de ésta el infortunado marido preparo un trabuco que tenia
abandonado de la guerra de los franceses, le rellenó de pólvora y metió por la
bocacha multitud de postas de plomo. Ya tenía pensado su insensato acto.
L
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a mujer
falleció. Caminaba el féretro en dirección a la iglesia, era invierno y el
desesperado marido con un abrigo muy grande abrochado y con las manos en los
bolsillos iba sujetando en su interior el fusil, con la culata hacia abajo y el
cañón apuntando a la cabeza.
Penetró el cadáver en la iglesia y se
le colocó delante del altar, el marido siempre muy cerca de la malograda
esposa, en el centro de la iglesia, donde se colocan las parihuelas mortuorias
para oficiar la misa corpore in sepulto. Todo el acto el marido con lágrimas
abundantes permaneció a los pies de su amada. Al llegar la consagración se
arrodilló, apoyó la culata del trabuco que tenia oculto bajo el abrigo en el
suelo, y la bocacha del cañón a la altura de la mamola, el dedo en el gatillo.
Nadie lo veía, solo él estaba seguro de lo que iba a hacer. Cuando todos
estaban en silencio y de rodillas el cura levanto la hostia con su solemnidad
habitual y la esquila del monaguillo comenzó su tintineo, la campana también
dio un badajazo y de repente…..
Puuummmm
Atronó la
iglesia un cañonazo y saltó por los aires la cabeza del infortunado. Allá fue a
clavarse al artesonado las postas de plomo que junto con los sesos se llevaron
por delante.
E
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sa es la
explicación de que el artesano matronense que estaba restaurando la techumbre
se encontrara unos trozos de plomo ahí, y no las termitas o la carcoma que él
creía. El techo está muy sano, y con la
gran labor que hizo este artista
restaurándolo tiene muchos años de vida.




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